I VER

– Maracuchita, ¿por qué mejor no te ponéis unos pantalones?, me dicen al verme subir en shorts (chores) a la camioneta rumbo al municipio Simón Planas. Ya habíamos rodado de Caracas a Lara.

– No chico, estoy en el campo, quiero que mis piernas se aireen y cojan sol lejos de la ciudad. Respondió mi ignorancia e ingenuidad. Horas más tarde, luego de atravesar monte y maizales con sus respectivos mosquitos y plagas, lo iba a lamentar.

El 5 de marzo de 2009, el comandante Hugo Chávez va rumbo al estado Lara a inaugurar las autopistas Cojedes-Acarigua y Acarigua-Barquisimeto. Un bullicio le obliga a hacer una parada.

Hugo hizo algo que solía hacer al llegar a las comunidades: escucharlas mientras bebía un cafecito negro debajo de un gran samán cuya sombra cobija a quien espera y donde hoy se aprecia un busto de su persona mirando de frente las vastas hectáreas con sembradíos de maíz.

Chávez vio las hectáreas improductivas y sorbo de café de por medio apreció la voluntad campesina sentenciando: ¡Exprópiese y recupérense estas tierras! Desde entonces, debajo de ese samán, se celebran las asambleas, la toma de decisiones y juramentaciones. En ese lugar gritan campo abierto que siguen por el camino trazado, frente a quien sea. Sin cámara, sin flash.

II SABER

“No queremos jefes, queremos conciencia”, releo el libro Crónicas de Comunas, específicamente el texto de Ernesto Cazal citando a Hilda, una comunera de El Maizal, a quien no encontré en este viaje busqué. Esa frase resume el innegable espíritu de transversalidad y horizontalidad de esta Comuna.

El Maizal se niega a que la institución o el Partido imponga sus reglas en el diseño de sus políticas. 

El campesino y dirigente comunal Ángel Prado me cuenta que la gente de la Comuna y del municipio Simón Planas tiene una particularidad: “No es que somos peleones por gusto. Somos camorreros, Henri Falcón se metió con nosotros y le dimos un parao”.

Esta comuna desde su origen es camorrera. Nació de la expropiación del predio El Maizal al terrateniente Orlando Alvarado quien no tenía título de tierras y la finca El Maizal estaba endeudada hasta las metras con el Estado. El espíritu de lo que ahí se hacía cambió de un tajo, profunda y estructuralmente, no les importó quedarse con el nombre.

La Comuna El Maizal inició con 320 hectáreas sembradas, 240 de potreros. Hoy, el territorio que ocupa la comuna es de 2.237 hectáreas y en el año 2016 produjo 360 mil toneladas de maíz.  Además, cuentan con 300 hectáreas para ganadería y mil animales.

Lo que se produce acá es propiedad comunal 100%, los comuneros y comuneras se enorgullecen de decirlo: “somos propiedad social directa comunal” y el maíz, esa planta originaria reconocida por su riqueza y capacidad de adaptarse para sobrevivir a plagas y cambios, es el suplemento base de las comidas en Venezuela y el petróleo de la Comuna El Maizal.

Los campesinos y campesinas trabajan con semillas de Agropatria y un contingente de agrónomos y veterinarios cubanos pasó y se quedó varios años en la Comuna para aportar brazos y conocimiento que sirvió de base y soporte al movimiento comunero.

El Maizal tiene otra particularidad: está formada por dos estados: Lara y Portuguesa.

Al comienzo, doce consejos comunales notaron que los campesinos en Lara se estaban juntando para resolver sus problemas y se quisieron sumar. Ahora son 22 consejos comunales campesinos organizados desde las montañas larenses y portuguesas. El Cerro Miranda separa la zona productiva de la vialidad. En ese mismo cerro se batió la experiencia guerrillera del PRV y Argimiro Gabaldón, ¿debo decir más?

Fotos vía @ReinaldoI tomadas de albaciudad.org

III SENTIR

Luego de un desayuno precario en un hotel de la ciudad, llegamos. Ángel Prado, vocero de esa comuna desde 2009, parece haberlo notado, me aprieta fuertemente la mano y suelta: llegaron tarde, se perdieron la actividad madrugona del primer y el segundo ordeño de vacas. Luego del regaño me presenta a un grupo de comuneros y comuneras y grita: “¡Por favor, hagamos unas arepitas con cochinito para los muchachos!”

IV HACER

Ángel es su reconocido vocero y ahora es Constituyente por el sector Comunas del municipio Simón Planas. Su comunidad, sobre todo 300 mujeres organizadas que hacen vida en ella, se encargaron de que él pudiera ocupar un curul con la esperanza de tener voz y voto en la Asamblea Nacional Constituyente en Caracas.

“Todo el mundo tiene una esperanza con esto. Tenemos mucho trabajo. Nosotros no podemos quedarnos callados dos años en la ANC levantando la mano y que nuestros planteamientos, opiniones y propuestas no sean escuchadas”, Ángel Prado, habla claro, se asume como persona non grata para el Psuv en el municipio, pero por otro lado, logró el 70% del electorado como Constituyente, de 17 mil votantes, se hizo con 13 mil. Él se sabe Comuna El Maizal.

La Comuna tiene propuestas cristalizadas en la pura pulpa de voz de Ángel:

i) reforzar la Constitución

ii) generar condiciones que permitan neutralizar las acciones de la derecha venezolana y  el desastre que tiene el empresariado privado

iii) revisar, rectificar y corregir muchos errores que lamentablemente a lo interno de nuestro gobierno se han venido suscitando.

Le pregunto a Ángel y a quienes le acompañan cómo lo harán, él me barajea la pregunta:

¿Cuánto vale en la calle un kilo de maíz? 

6 mil bolívares.

Qué barbaridad. Y al productor que se le compraron, no se lo pagaron ni en 1000 bolívares. ¿En cuánto estaba en Caracas? Para los pelos el robo, la usura y estafa a las que nuestro pueblo está sometido. En julio, en la Comuna El Maizal, valía en 500 bolívares el kilo. Nosotros mismos, a través del Clap estamos distribuyendo carne producida en el Maizal. Nosotros podemos demostrar que la Guerra Económica se puede derrotar, lo que hace falta es voluntad.

Continúa Ángel: “No solamente producimos. Nos vamos a comunidades del territorio y DISTRIBUIMOS LOS ALIMENTOS…”

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– “¿Esto es en vivo?”, me pregunta Ángel cuando termina de hablar.

– “¿Estáis loco? Yo tengo que cuidarte”, le dije.

– “No…¡vasiee! pensé que era en vivo… si no digo ahora las verdades, lo que tengo que decir y por lo que me pueden atacar, lo único que hago es que siacaso se tarden más en fregarme”.

Comprendí por qué mientras nos comíamos las arepas (muchas) con cochino frito (sin escatimar), una comunera me relató emocionada que “un 5 de marzo aquí se empezó a sembrar y un 5 de marzo el Comandante se sembró”. Vale el juego de palabras, porque ese día sentí, uno podría jurar, que Él estaba ahí, debajo de ese samán, admirando la inmensidad, calculando todo lo que falta por hacer, inspirar, inventar.

Estos comuneros y comuneras producen, politizan y autogestionan  proyectos para la comunidad mientras son asechados a diario por paracos en componendas con alas corruptas de la Guardia Nacional y de la Gobernación del estado Lara -hasta este año 2017, con Henri Falcón a la cabeza-. Esta Comuna y la gente que la hace posible, son una referencia que hincha el pecho a un Estado donde destacan otras muchas experiencias entrañables de organización comunal y que también son una inyección de moral que va directo a la yugular.

Cuando le preguntas a un chavista larense sobre la experiencia popular y comunitaria, este te dirá sin tapujos: yo no te lo puedo contar, tienes que ir al Maizal.

Es la pura verdad.