Anda niño que viaja en maleta, hombre, huye de la guerra.

¿Duermes? ¿Estar dormido es estar muerto?

¿A dónde te llevan? ¿A las tetas de tu madre?

¿Cómo te llamas?

Yo, te llamo Siria.

Siria, hueso en la boca de la bestia. Siria, camino de aire que se sostiene sobre un infierno tubular. Siria, por “su bien” dominada. Siria, vendedor de frutas multicolor sobre el orín “rebelde”.

Yo, te llamo Siria.

Hubo antes que tú otro niño dormido, definitivamente dormido, cabeza enterrada en la arena turca. Huía de la guerra. Tuvo nombre cuando ocupó los titulares. Pero siempre se llamó Siria.

Siria, la balsa. Siria, Aylan Kurdi. Siria, costa enemiga. Siria, campo de manzanas.

Yo, te llamo Siria.

A Omran Daqneesh lo dispusieron sobre un fondo naranja para la foto. Estaba menos que dormido. Ensangrentado, empolvado, confundido, usado.

Siria, explosión. Siria, retrato sobre la mesa de una casa deshabitada. Siria, muro roto. Siria, niña invisible.

Yo, te llamo Siria.

Adi Hudea alzó los brazos. La sorprendió el aparato. También frunció la boca. No dijo una palabra. Arriba las manos, súplica por vida.

Al padre lo mataron no sé dónde.

Pedazo de tierra efímera, los niños no sonríen, tampoco lloran: otro idioma.

Yo, te llamo Siria.

Siria, segundo ataque químico, francotiradores dispuestos en escondrijos para dar un tiro de gracias, ver caer el objetivo, volver a casa a la hora para comer.

Siria, palomas mensajeras adiestradas para no decir nada.

Siria, papagayos al vacío.

Siria, niña que tapa los ojos a su muñeca para que no atestigüe la barbarie.

Siria, estaca en la frente, insectos que se suben huecos a comérselo todo.

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De Siria hay tantas imágenes como segundos hay en una guerra que lleva 8 años. Esa cuenta puede resolverse. No es tan matemático el tejido geopolítico detrás del conflicto bélico entre oriente y occidente. Mientras algunas fotos delinean la opinión pública, en estos momentos, la marina estadounidense se enfila al mediterráneo, a pesar de la advertencias rusas en contra de las acciones militares de Trump en suelo sirio. Las aerolíneas han sido advertidas por las autoridades europeas de posibles ataques aéreos en cielo árabe. Israel se perfila contra Irán. Irán no se dejará “pecherear” por Israel.

Veo los ojos que han visto la muerte. Una foto un país un niño muerto infinitamente.

“Lo que la fotografía reproduce al infinito únicamente ha tenido lugar una sola vez”, dijo Roland Barthes en La cámara lúcida.

Marzo de 2018. La primera imagen la “captura” el fotorreportero Omar Sanadiki, durante el éxodo de los ciudadanos sirios de Guta oriental (a las afueras de Damasco), a propósito de la tregua entre las facciones en contra: un niño duerme mientras es trasladado a quién sabe dónde, entre las 20 mil almas que van de acá para allá desde hace ocho años, cambiándole el rumbo a la muerte.

La foto se difundió antes de que ocurriese un ataque químico el segundo fin de semana de abril y que según una Organización No Gubernamental (ONG) denominada Cascos Blancos, había sido perpetrado por el mismo gobierno sirio, cuestión que inmediatamente desmintió el ministerio de defensa, alegando que esta ONG ha diseñado campañas de bandera falsa, antes demostradas.

Septiembre de 2015. La segunda imagen la registró la fotógrafa Nilüfer Demir. En ella Aylan Kurdi de tres años se muestra “encallado” en una playa turística turca… Aylan venía junto a su familia de Kobane, donde nació en guerra, a morir en las costas vecinas. Con él cuatro niños más, entre los cuales estaba su hermano Galip, con sólo cinco años. Los hijos se le salieron de las manos de Abdullah -su padre- y Rahen -la madre-, que también se ahogó, después de que se hundiera el bote inflable donde huían.

Agosto de 2016. Los ataques del Estado islámico acabaron con la casa de Omran Daqneesh, que entonces tenía cinco años. Luego contó el padre que “los rebeldes” se lo arrancaron de las manos y lo sentaron en la ambulancia donde le sacarían las fotos que darían vuelta al mundo, para decir que el gobierno sirio mataba a sus propios niños. Ahora viven en el mismo Alepo, donde sufrieron los ataques, pero en un urbanismo controlado por el gobierno sirio.

Diciembre de 2014. El autor de la imagen es Osman Sagirli, ante quien se rindió Adi Hudea cuando éste quiso retratarla. Adi, se encontraba en un campamento de refugiados sirios en Atmeh, junto a su madre y un hermano. Su padre fue muerto durante un bombardeo en su país. La niña, de cuatro años, alzó las manos, para mostrarse todavía más indefensa.

“Todo uso de la cámara implica una agresión”, explica Susan Sontag en su ensayo Sobre la fotografía.

Abril de 2017. En esta imagen se inmortaliza el momento en el que el fotorreportero Abd Alkader Habak decidió dejar la cámara, para intentar salvar a un niño después de un ataque suicida, que acabó con la vida de más de 60 menores de edad, en Alepo. En la siguiente foto, Abd Alkader se muestra impotente al lado del cuerpo sin vida de otro niño. El coche-bomba que ocasionó la muerte de más de cien personas se adentró a la zona donde explotó con la excusa de entregar ayuda humanitaria.

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Algunos analistas señalan que el conflicto de EE.UU. e Israel con Siria se debe a la restauración del control del medio oriente. Ese conflicto forma parte del plan del gigante del norte de América por alimentar la industria de la guerra, a través de la promoción de estrategias no convencionales, golpes de Estado disimulados, financiamiento a la oposición interna, el adiestramiento de mercenarios, sabotaje, la metodología antes de arrasar in situ con los países en su lista.

La lista del Pentágono de 7 países en 5 años, según el general estadounidense Wesley Clark, incluyó a Libia, a Irak, también a Siria y finalmente a Irán.

La injerencia de EE.UU. con la complacencia de sus espectadores, su pueblo y los otros, se explica en el ‘Destino Manifiesto’ o en la ‘Doctrina Monroe’, según demuestra en su libro ‘Territorios vigilados’, Telma Luzzani.

Desde el siglo XIX, Estados Unidos se cree un pueblo elegido por Dios para dirigir el mundo, racialmente superiores, determinados a dominar ciertas regiones y pueblos que “por su bien” merecen ser domados.

La autora esclarece el nacimiento de esta idea. Los fundadores, los puritanos llegados al nuevo mundo miraban con desprecio a los indígenas que habitaban esas tierras, y se impusieron como misión el nacimiento de una nueva nación, lo que implicaba el exterminio o la desaparición de aquellas “criaturas imperfectas”.

La ejecución del proyecto divino tuvo como base ideológica no sólo dominar al mundo en nombre de Dios (los guerreros de Dios) sino y también hacer buenos negocios.

En este sentido, otra hipótesis que manejan los analistas es la referente a la ubicación estratégica de Siria y el manejo de un gaseoducto que pasaría por debajo suyo y surtiría al mayor consumidor en disputa, Europa. Los rusos y los iraníes proponen por un lado y Qatar junto a Estados Unidos, lo hicieron por el otro. Al Assad se negó a los últimos en 2009. Y en consecuencia, los principales aliados del hegemón en Medio Oriente, formaron y armaron a la resistencia para derrocar al incómodo.

Mientras, han socavado con miedo la mente del ciudadano común estadounidense, logrando -por medio del uso de los medios de comunicación (y su industria cultural)- una simbiosis entre ser musulmán y ser yihadista, estrategia que justifica la militarización y el Estado policial en su propio territorio, y el ajeno.

La guerra mundial contra el terrorismo es una mentira monumental, desde el propio detonante: el autoatentado que produjo la caída de las torres gemelas, que tuvo como consecuencia 13 años de guerra contra Afganistán.

Las supuestas armas de destrucción masiva que sostenía el gobierno de Irak, en manos de Sadam Hussein, armas por las cuales Estados Unidos invadió y destruyó ese país, son otra gran farsa.

Para irrumpir en Libia, desmembrarla y hacerla mísera, primero inyectaron rebeldes extranjeros y formaron a los nacionales, tomaron los medios, idearon un supuesto triunfo en una Plaza Verde de cartón, a través de las pantallas de Al-Jazeera, y con ello lograron reconocimiento internacional y la desmoralización de las fuerzas armadas.

El ataque con agentes químicos en Siria no es nuevo. Es la segunda edición de una misma estrategia ¿Cuándo se revelará que también es un método occidental para justificar la masacre final? ¿En qué parará? EE.UU. dirige sus tropas por aire y agua ¿se enfrentará a Rusia, otra potencia nuclear? Todo parece indicar que sí, o por lo menos el presidente de Estados Unidos así lo advirtió: “Prepárate Rusia, los misiles llegarán a Siria”, dijo.  

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¿Cuántos niños más morirán esta noche? ¿Habrá una foto del desastre total?

¿Quién la tomará? ¿Quién la verá? ¿Para qué, otra guerra de la guerra, servirá? ¿A qué otra humanidad hablará? ¿Contará la verdad, o hablará de su belleza?

Estar a la puertas del exterminio no puede refrenar el impulso por descorrer la transparencia de la imagen, la belleza, en el tiempo justo, en el gesto justo, en el barro de la historia. En palabras de Sontag, nadie “exclama: ‘¡Qué feo es eso! Tengo que fotografiarlo’. Aun si alguien en efecto lo dijera, todo su sentido sería: “Esa cosa fea me parece… bella”.

Niña le cierra los ojos a su muñeca para que no atestigüe la barbarie.