Meses después de la desaparición física de Chávez, en esa parte del duelo en que te preguntas por los detalles de la vida del ser querido que se fue, algunas amigas nos preguntamos por su giro feminista. No cuándo se declaró, sino qué hizo que Chávez comprendiera e incorporara en su horizonte libertario esta lucha.  

Como lo que se pregunta queda en el aire, nos llegó de labios de una persona que estuvo muy cercana a él durante todo su mandato, la precisión del inicio del viraje. Cuenta que en la mente del estratega militar Chávez, fue una revelación ver aquel 13 de abril rostros de mujeres que estaban hombro a hombro, codo a codo, con sus compatriotas varones en las calles en defensa de la esperanza. No esperaron sentaditas en sus casa, fueron a poner el pecho a las balas desde el 11.

También cuenta que, entre otras, María León, su leona, comenzó a contarle sobre el feminismo y la lucha de las mujeres por su libertad. Chávez comprendió tan rápidamente el potencial transformador del sujeto político mujeres, que sólo cuatro años después en el Foro Social Mundial, se declara por primera vez feminista y además insta a Evo y Rafael a que hagan lo mismo. Fue la primera vez que un presidente en el mundo lo hacía.  

Cuentos del más allá o más acá de la gesta heroica

¿Cómo vivieron las mujeres el golpe, el contragolpe y la revolución de abril? ¿Cómo ellas fueron transformadas con estos hechos? Preguntamos a las vecinas, las amigas, las cercanas. Ellas, haciendo honor a las palabras del sociólogo Reinaldo Iturriza, quien reflexionaba en una entrevista “Solo un pueblo muy culto políticamente puede ser capaz de hacer lo que hizo el pueblo venezolano en abril de 2002”.

Para contar su historia sobre el 13 de abril, ellas rememoran el día 11
como un gesto de análisis ante la certeza de haber sido parte de la épica de un pueblo

 

Sandra, integrante del Comité de Tierras Urbanas del barrio José Félix Rivas, zona 8 de Petare; milita en la plataforma del Movimiento de Pobladores y en la Comuna Rogelio Castillo. Para el 2002, aunque no participaba activamente en ninguna organización, estaba muy clara de ser chavista. Al momento del secuestro del Comandante estaba en Cartagena, Colombia, visitando a la familia y embarazada de su última hija.

Veía con desesperación en la distancia, la fiesta que los medios colombianos hacían ante la noticia de la supuesta renuncia de Chávez. Decidió regresar de inmediato, a pesar de que mucha gente le dijo que le sería imposible porque iban a cerrar la frontera. Hizo el camino entre vómitos y malestar de los tres meses de embarazo, pensando que habían secuestrado a Chávez y nadie iba hacer nada en medio de un silencio total.

Al llegar a su casa y ver en las noticias que el presidente no había renunciado, que la gente estaba yendo a Miraflores, que en Petare se estaban movilizando, canalizó su rabia e impotencia hablando con la gente ahí mismito en el barrio, ya que no pudo llegar hasta allá por su embarazo. A pesar de insistir en su resignación porque “… no pude, no pude ir porque estaba toda barrigona”, no se perdió ni un minuto de compartir con emoción el retorno televisado de la recién recuperada VTV.

Al año de haber nacido Alexandra, se activó políticamente, pues no se deshizo de esa sensación de no haber hecho más y del vacío que sintió cuando se llevaron a Chávez, acompañada de la certeza de que eso podía volver a pasar. Se involucró de lleno con los CTU y protagonizó el auge de la regularización de las tierras urbanas.

Irama, socióloga, fundadora de Red de la Calle, narraba que en principio ante su incredulidad por el golpe de Estado, llegó a ver de un zarpazo el flujo de las acciones programadas como parte de un plan macabro. No creyó en unos asesinatos atribuidos a un presidente que tenía una relación amorosa con su pueblo, como ningún otro que ella haya visto antes. Ver a su madre llorar y gritar por la amenaza de muerte en la que se encontraba el Comandante llegó a conmoverla profundamente.

En el año 2002, Irama laboraba en el entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología, y cuenta acuciosamente como su jefa directa -que estaba en Ecuador en ese momento- se develó al reaccionar con despreocupación ante el golpe de Estado, pues había garantizado la continuidad del programa de trabajo con Fedecámaras. Comprendió, entonces, el entramado de la conspiración y de los grupos del sabotaje interno. Desde ese momento hubo un quiebre, una ruptura, dice, pero no sólo con su jefa, sino allegados/as, parientes y amigos/as.

Dado que la expectativa no había dejado dormir a la familia entera, el 13 se vivió con emoción la lectura de la famosa carta de Turiamo en la que Chávez aclaraba que no había renunciado, y los/as embargó de una esperanza sostenida hasta verlo llegar en el helicóptero: El 13 de abril se fortaleció todo, se fortaleció la convicción de estar en revolución. Ella también se convenció de estar en una revolución amorosa, que como pueblo se fortaleció en la figura de Chávez, pero también de una constitución, la que opina, fue la que salió ganando.

Tarcila, habitante de la parroquia El Valle, pertenece al Frente Francisco de Miranda y a la organización de los comités de salud. Ella vivió la cuarta República y al conocer el plan de gobierno del Comandante algo ocurrió: me casé con Chávez”.

Las palabras de Tarcila me recordaron el testimonio de Margarita -recogido por José Roberto Duque en su libro “Del 11 al 13. Testimonios y grandes historias mínimas de abril de 2002”-. A sus  60 años, Margarita deja al descubierto la emergencia de la otra política: Lo mío con Chávez no es por plata, yo siempre he trabajado y nunca he necesitado nada de los gobiernos. Tampoco es político porque a mí no me gusta la política. Esto es una cosa del corazón, yo lo quiero y él me quiere”.

Tarcila, en medio de una profunda confusión al saber que la marcha de la oposición llegaría a Miraflores, fue a buscar a sus parientas, y con su compañero se fueron para el centro. A la altura de la tienda Korda Modas, los recibió una balacera y vieron a uno de los muertos en la acera.

No podía entender porqué la policía les disparaba y decía pero si nosotros no hicimos nada por qué ellos, que deberían cuidarnos, nos disparan. Como pudieron se regresaron para El Valle.

En la noche del 12 llegaron a la Alcabala II junto a vecinas de la parroquia que también estaban convencidas de que a Chávez lo tenían en El Fuerte Tiuna. Allí en medio de consignas para su liberación y con el temor a represalias por parte de los soldados, atravesó la puerta un hombre vestido de civil y en tono de mandato les dijo: “organícense”. Entendieron que ese hombre era un militar y entre el extrañamiento apareció un hálito de esperanza.

María Antonieta, psicoanalista, pertenece a Psicólogos por el Socialismo. Ella se fue en la mañana del 11 para el entierro del padre de una amiga. En la bajaba de El Hatillo, veía con mucho disgusto la concentración de la oposición con sus “kit para manifestar” como si fuera una fiesta, ya que en días previos habían pasado momentos de mucha violencia e incertidumbre.

En medio de la incertidumbre provocada por el cerco mediático, su primera reflexión fue la ausencia de lazos sociales que le permitieran comprender lo que estaba pasando, pues algunas escasas llamadas le iban contando algunas cosas, pero como no estaba en ningún colectivo, ni organización…

El día 12 tenía que ir a la avenida Río de Janeiro y presenció gran parte del asedio a la embajada de Cuba: “sentía muchísimo disgusto y angustia, yo creí que el proyecto se acababa y aún no había llegado la conciencia realmente, de la necesidad de la comunicación. En la noche de ese día yo llamo a Carlos Noguera, que era mi referente chavista, chavista no, porque creo que hasta ese momento, esa forma de enunciarnos no existía, el chavismo como tal, vino a partir de ahí. Lo llamé para poner mi casa a la orden, pues el imaginario de la persecución ya se había hecho presente cuando agarran a Rodríguez Chacín”.

Cambió la idea de que todo se estaba acabando cuando retoman el canal 8. Contuvo su felicidad por cortesía a la vez que soportar la desilusión de muchos cercanos. Quedó la sensación de alivio, ese “hay que seguir adelante” y la certeza de que era necesario colectivizarse.

Sólo la organización…

Algo común al testimonio de esta mujeres fue la emergencia en sus conciencias, de la necesidad de organizarse política y socialmente, para darle continuidad a un proyecto político y de país en el que creyeron y creen.

De asumirse sujetas protagónicas, cada una desde sus espacios, de un proceso de transformación que entienden como continuo y no acabado. Ningunas de ellas se quedará sólo con la versión de las transnacionales de la información ante un hecho. Ninguna se pensará sola, pues saben que son una puebla que se organiza, resiste y pelea.