(Extracto del libro “Para revolucionarios, mis memorias”)

El 11 de abril de 2002 está intacto en mi memoria, quizá porque lo viví intensamente y los recuerdos de aquellos hechos involucran a mis hermanos, mis panas, los grandes héroes de esta historia.

Un inciso preambular

Incidir comunicacionalmente a través de lo audiovisual desde la militancia era un trabajo titánico. Cada micro de apenas treinta segundos costaba al menos dos semanas en producirse y con todos mamando y locos, no se podía. Para aportar más en menos tiempo, el 2 de diciembre del año 2001 creamos antiescualidos.com, una página web alimentada a manopla con puro html, no sabíamos más.

De diciembre de 2001 a marzo de 2002, sumamos voluntades y tuvimos unas veinte mil visitas que celebramos orgullosos; el 11 de abril de 2002 llegó a 500 mil visitas y el 13 de abril superó los dos millones. El chavismo casi no existía en internet, le abonamos a una apuesta colectiva.

Iniciamos un camino.

I Recuerdo

Aquel día, nosotros, los revolucionarios, sabíamos que habría un Golpe de Estado.  Era prácticamente imposible que después de los pitazos del Comandante y la convocatoria nacional de paro, hubiese otro camino.

Sin embargo, preguntamos a los amigos cercanos al gobierno esa misma noche si hacía falta armar un  plan A, plan B, o hasta plan C. La respuesta por varias vías fue “que todo estaba controlado”. No habría problemas, y ustedes, muchachos de la vieja guardia “dejen de estar pensando en armas u otras cosas, tenemos garantías totales”.

Nunca supimos cuáles eran esas garantías, pero al día siguiente jodieron a Chávez.

Esa mañana, sin querer y mientras buscábamos información, salimos muy tarde, casi a las 10 a.m. Íbamos a participar en la convocatoria de defensa al proceso y a nuestra labor militante. En Plaza Venezuela estaba todo congestionado, y decidimos violentar el camino y montarnos por encima de la fuente para cruzar de un lado a otro. Lo sabíamos imperioso.

Así llegamos cerca de Miraflores, por debajo, por la Baralt, y dejamos a “Marilin”, la camioneta, a dos cuadras llaneras del hotel King.

Llegamos Ángel, “el peque” y yo.

Parte de la mañana y a comienzos de la tarde estuvimos grabando en plena Av. Urdaneta las opiniones de nuestros militantes, en una especie de estudio improvisado que montamos al aire libre usando sábanas blancas y spray de colores.

Comenzaron a llegar los muertos y heridos. “El peque” -José Luis- corría y  gritaba “¡Qué vaina es esta!”. Yo lo jalaba por la camisa y le decía: -¡Mamag… Agáchate que están disparando a la gente!

Todo ocurría muy rápido, y entre Ángel y José Luis no me dejaban pensar. Pocos minutos después veo a Ángel debajo del Puente Llaguno, apuntando la cámara en dirección a lo que afirmaba eran francotiradores.

A su espalda había un tiro en la santamaría de un negocio que usaba como línea de vista.  Al quitarle la cámara y lanzarlo al suelo, me trató de explicar que un francotirador no apunta dos veces al mismo objetivo, a lo que respondí: -Me sabe a mierda, y corre, cabezón.

Entre una cosa y otra, fuimos testigos presenciales de aquel día. Nuestro tarantín repleto de imágenes y aconteceres, todavía se ve cada 13 de abril cuando conviene recrear los sucesos.

II Recuerdo

 

Regresamos de Miraflores y nos fuimos concentrando en la oficina de Panafilms; llegaban amigos y de alguna manera contar con un espacio se convirtió en un hervidero ñangara. Casi a las nueve de la noche Ángel, mi hermano, hablaba con Alselmi (presidente VTV) y le dice que va para allá, nos avisa y trata de irse, ante lo cuál le dije firmemente: -Deja la paja. Voy contigo.

Ese 11 de abril como a las 11 p.m., entramos a VTV y no había nadie, ni en las puertas de vigilancia, ni en sus pasillos, ni en ningún espacio. Todos los empleados se habían ido.  Subimos al máster y sobre una mesa redonda habían cuatro radios; al manipularlos una voz preguntó quién operaba y al decirles que éramos productores independientes que de casualidad estábamos allí, nos desearon “MUY BUENAS NOCHES, PRONTO SE MUEREN”.

Obviamente cagados, y a pesar de haber evaluado las opciones y demás aventuras que proponía Ángel, como escondernos sobre los techos o dentro de las camionetas de la microonda, me paré firmemente y le dije a mi pana:  -Mira loco, ya te hice caso a ti, ahora me paras bolas a mi. ¡Salgamos con las manos en alto y ya!

Bajamos lentamente, y justo estaba ingresando Polimiranda por los torniquetes de la entrada principal. Gritamos que estábamos allí, y después de apuntarnos y vejarnos un rato, entendieron que no éramos del canal, se comieron la coba de los productores independientes que llegaron y entraron al ver todo vacío.

En las puertas del canal se había aglutinado una parranda de escuálidos con cacerolas vitoreando la caída de Chávez. Tuve la suerte de que un compañero del liceo era jefe de máster en un canal de televisión, y a través de un camarógrafo, me hizo señas.

Al rato, estaban todos los jefes de prensa de los canales tratando de comprarnos las supuestas imágenes que teníamos de la desolación  y los destrozos al canal. Ya mezclados con la prensa privada, avanzamos hasta la puerta y grabamos un sonoro toque de olla al ritmo del tambor que tenían unos escuálidos absolutamente enfiestados.

Así, salimos a la calle y poco a poco, nos alejamos. No había un alma leal en VTV, y ya el compañero Anselmi había sido forzado a retirarse de VTV.

III Recuerdo

 

El negro Víctor -tras recorrer mar, cielo y tierra- se vino desde Margarita y llegó presuroso el 12 de abril, con un plan para escondernos. La verdad, que ni habíamos pensado en eso, pero de alguna manera tenía razón, no porque fuésemos objetivos militares, más bien por reflejos de una izquierda mermada.

Luego de vaciar la “oficina” y botar muchos papeles, accedí a llegar a la casa de un amigo en Colinas de Bello Monte.

¡Nunca había visto a alguien más cobarde que yo! El amigo me pidió que no saliera ni del cuarto, que no enviara correos, y como mi único capital eran cestatickets con nombre, asumió pagar todo durante mi estancia que por fortuna duró apenas 12 horas.

IV Recuerdo

 

Hablamos por teléfono entre varios compañeros y como a las 9 de la mañana del 13 de abril, bajé corriendo desde Colinas de Bello Monte y en el camino me encontré con El Guaro. No le dije nada. Caminé hasta los Dos Caminos y llegué presto al combate.

Subimos máquinas de edición, cámaras, y computadoras de antiescuálidos.com en una camioneta y con los equipos a cuesta nos fuimos a buscar dónde trabajar.

Recuerdo una parada en Los Chaguaramos, en casa de amigas de altísima confianza, que nos dijeron que no podíamos ni entrar. (Fue triste).

A media mañana llamó Frank, “El Ojo”, como le decíamos cariñosamente a un gran hermano y excelente director de fotografía que había estado en la junta provisional de reestructuración del canal,  nos informó que se reuniría en un centro comercial con un tal mayor Zambrano. Nos pusimos conspirativos y localizamos a nuestra gente.

 

Vimos cómo años de esfuerzo tratando de ser comunicadores revolucionarios dieron sus frutos.

V Recuerdo

 

Frank y “el peque” se reunieron con el mayor Zambrano: habrían quince GN cerca de VTV si nosotros podíamos hacerla funcionar. Mientras tanto, Víctor y Gabriela recorrían Fuerte Tiuna,  El Valle, Coche, insurreccionando al pueblo.

Ángel y yo instalamos nuevamente los equipos en nuestra oficina hasta que Isabel nos llamó para entrevistarámos desde la clandestinidad a Nicolás Maduro y a su compañera Cilia Flores. Pocos minutos después, Vanessa nos llamó para coordinar la declaración de Isaías Rodríguez.

Un medio final

 

Ese mismo día, subimos hasta la bomba que hace esquina superior con VTV, allí nos encontramos con Rubén, Gaviman, Timosi y varios compañeros más. Mientras hablábamos llega gente en un microbús y Ángel, con un cassette vacío de Betacam en la mano y a manera de paro, corre a decirle a los Polimiranda que el golpe está caído y que tiene la grabación.

Todos corrimos a respaldarlo y de pronto llegan más camionetas, con más gente, mucho pueblo activo. El mayor Zambrano aparece con sus guardias de lejos, y le hacemos cadeneta a los Polimiranda para que se retiren.

Al rato llegan Anselmi, Danilo, etc. Tenemos entrada franca y corriendo vamos al máster para trasmitir, pero no teníamos ni idea de cómo manejar técnicamente un canal de televisión tan grande.  A duras penas logramos sacar la señal al aire. En ese momento, todos dicen que el problema es Mecedores y Zambrano convoca al pueblo a acompañar a un técnico que no se atrevía a subir.

Entonces, comienzan a sonar los teléfonos y eran los técnicos del canal que de forma anónima nos daban instrucciones de qué hacer: las cámaras, el iris, el sonido, los cables, las mañas, etc.

Frank y José Luis ya estaban en Miraflores y con una handicam graban la declaración de los tres poderes.

Cuando llegó José Luis con su camarita, Víctor pregunta si puede picar los cables, y así el país entero miró la grabación de los tres poderes con José Luis  tirado en el piso, agarrando cable con cable.

En ese momento se pegaron en cadena los otros medios.

¡TRIUNFAMOS!

Ya estabilizada la señal de VTV, y luego de dieciocho horas de rescate en manos de la comunicación revolucionaria, llegaron los militares traqueando los fusiles en el máster y pidiendo información de los hechos.

Gabriela valientemente les dijo: “¡Sólo el Pueblo salva al Pueblo!”