El pasado 11 de julio el presidente Nicolás Maduro lanzó el Plan Nacional de Parto Humanizado con el que dio un espaldarazo a las luchas de mujeres organizadas  a pocos días de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente.

Con 31 espacios para la formación a 14 mil promotoras comunales,  inició la primera fase del plan que tiene el objetivo de orientar a las 500 mil gestantes que al año se registran en el país,  a través de una política pública respetuosa del cuerpo y de las decisiones de la mujer en  los procesos de gestación, parto, nacimiento, postparto, lactancia materna y crianza.

Pero, ¿por qué esta es una de las principales luchas del movimiento feminista venezolano? ¿Qué tan grave es el fenómeno de la violencia obstétrica en Venezuela?

I Anuladas

Estaba dormida bajo el arrullo del paso del tiempo, que son unos latidos constantes.  Un calor perfecto me sostiene viva, la sangre fluye a un ritmo perfecto de ella a mi ombligo y mi sueño tiene el  suave movimiento de mi cuerpo balanceándose en el agua.  De repente, las paredes de mi mundo se abrieron de golpe y una luz intensa y feroz apareció ante mí y entonces una mano gigante me extrajo a un mundo gélido e inclemente. El latido se alejó hasta que deje de oírlo.

Nadie recuerda de forma consciente cómo naciópero no es difícil imaginar lo terrible que debe ser para un recién nacido que unas manos frías y extrañas tomen su cuerpo desnudo y lo saquen de un tirón del vientre materno a través de una intervención quirúrgica  conocida como cesárea.

El problema no es la cesárea, método aplicado para salvar las vidas de madre y bebé en casos graves. El problema es que en Venezuela, se ha convertido en la forma por excelencia de nacimiento de las clases medias y altas, a tal punto que parir es una rareza, una excentricidad hippie.

Según el Informe para la Propuesta de Sala Situacional para la erradicación de la Mortalidad Materna (2017), la atención del parto en Venezuela se gestiona desde una visión medicalizada donde impera la violencia obstétrica, y se opta por la cesárea en 40% de los casos en hospitales públicos y un 80% en centros de atención privados. Un porcentaje  que está muy por encima del 15% que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como tasa ideal para la cesárea, dado que solo debe aplicarse cuando la vida de la madre o el neonato están en peligro.  

Cesáreas en Venezuela

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Hospitales Públicos

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Centros Privados

En nuestro país, si la mujer cuenta con los recursos para ello, puede programar una cesárea  sin problemas. Es más, muchos médicos inducen a las mujeres a realizarse esta intervención  argumentando que “es lo mejor para el bebé y para la mujer” , “la cicatriz casi no se nota”, “es ideal porque aquello queda como nuevo”,  “los niños nacen más inteligentes” o simplemente que “estamos en pleno  siglo XXI”.

 

Eso sí: Los médicos se preocupan porque todo sea exacto, pulcro, limpio, perfecto. Sin gritos, ni dolores, ni olores, ni risas, ni llantos. Anestesiar a la madre y al niño, anestesiar a la naturaleza, no vaya a ser que contamine el producto y se salga del protocolo. La industria médica es primero eso: una industria con protocolos útiles para garantizar que dar vida sea rentable. Menos tiempo, más ganancia.

La cesárea  no es la única forma de violencia obstétrica en el mundo clínico privado. El  abuso del pitocin para acelerar el parto de forma inapropiada, el maltrato del personal médico, la práctica recurrente de obligar a las mujeres a parir acostadas y la desestimulación a la lactancia materna,  son algunas de las formas en las que se expresa un fenómeno con muchas caras.  En distintos niveles, la violencia obstétrica de las clínicas intenta privar a la mujer y al bebé de su propia naturaleza. Acá la mujer no será la mamífera capaz de dar vida y el bebé no tomará la primera decisión de su vida: la decisión de cuándo nacer.

II Castigadas

El espacio se había vuelto muy pequeño. Me había jurado no salir nunca,  pero mi Diosa dice que está bien: ella me habla y me toca a través de la atmósfera redonda que nos separa. De pronto, no sé cómo, ni por qué, pero un impulso poderoso me empujó hacia abajo, primero suave, luego más fuerte y luego más. Una vez que empiezas no puedes parar y voy sintiendo cómo todo tiene sentido, como yo mismo voy haciendo la historia junto a ella, mi Diosa, que me ayuda y me acompaña, a pesar de que allá afuera no hay nadie que la ayude a ella.

Para las mujeres pobres, la historia es otra. El 80% de las mujeres en Venezuela paren en hospitales. Pero aquí, lo que predomina es el maltrato y el abandono.

Las historias sobran. Falta de insumos, ruleteo por hospitales, insultos (“cuando lo hacías, no te dolía”), irrespeto a los deseos de la mujer, maltratos psicológicos (se les priva de información y de acompañamiento oportuno),  maltrato físico (mujeres obligadas a parir acostadas, mujeres atadas a camillas, tactos innecesarios, etc.), falta de insumos y centros insalubres, conforman solo algunos de los rasgos de un cuadro agudo de violencia obstétrica que representan la cotidianidad de la inmensa mayoría de las mujeres venezolanas al momento de traer niños al mundo.

Es, evidentemente, un problema de enormes consecuencias sociales, en el que ser pobre y ser mujer, se paga caro.

Según el boletín epidemiológico publicado por el Ministerio de Salud en mayo de 2017, la mortalidad materna viene en crecimiento sostenido desde el 2014, siendo el 2016 el año con el registro más alarmante, ya que presentó un incremento del 65,8% de los casos con relación al año anterior, teniendo en concreto 756 casos de mortalidad materna. Más grave aún es la tasa de muerte neonatal: solo el año pasado fallecieron 11.466 bebés menores de un año, representando un incremento de 30,12% en relación al número de 2015 que alcanzó 8.812. Hablamos de una tasa de 139 por cien mil nacidos vivos. La tendencia de los casos trágicos va creciendo pero para las demás la violencia se expresa de forma más sutil, más escondida, pero feroz.

Pase lo que pase, NO grites

Jainuris Márquez ya había estado antes en la maternidad y se había dado cuenta que la regla número 1 para parir allí era no gritar. “Si gritas o te quejas por el dolor, no te atienden, te ignoran, te dejan allí y es peor para ti”. Con esa claridad llegó Jainuris en abril del 2016 a la Maternidad Concepción Palacios sintiendo intensas contracciones, después de cuarenta horas de trabajo de parto que hizo entre la emergencia del hospital y su casa. 

En este contexto, el parto humanizado es más que una consigna. Es un paradigma que busca romper con un fenómeno que en las clases altas se expresa como anulación del poder femenino y en las bajas como castigo al poder femenino. Parto humanizado justamente es devolver la condición de humanidad al acto de dar vida,  tanto en lo que se refiere al  parto en sí mismo como a las condiciones que lo posibilitan. Tiene que ver con la protección de la vida misma y con  el derecho de la mujer de  decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y su vida.