La comuna socialista El Maizal es un emplazamiento agrícola que integran 22 consejos comunales del conurbado que forman los municipios Simón Planas del estado Lara y Páez de Portuguesa.

Se asienta sobre los antiguos terrenos que reclamaba como suyos un recordado ganadero que extendía “su propiedad” hasta donde llegara la vista y más allá, como doña Bárbara arrimando los límites del hato “El Miedo” hasta lo más profundo del cajón del Arauca.

En marzo de 2009 se organizaron y tomaron esa inmensa geografía para destinarla a la siembra de caraotas, con apoyo del Gobierno Nacional que mantenía su cruzada por derrotar a los terratenientes. “No va a quedar latifundio en Venezuela”, decía por entonces un entusiasta presidente Chávez.

Son 2.200 hectáreas, de las que hoy se aprovechan para la siembra de maíz alrededor de 800. El resto lo configura intrincadas estribaciones del piedemonte montañoso donde se erigen pequeños asentamientos agrícolas con vocación cafetalera, como Caballito y Gamelotal, que hoy constituyen un eje comunal.      

El año pasado lograron sacar 3 millones de kilos de maíz no sólo para los comuneros, sino para habitantes del entorno y comunidades cercanas de ambas entidades regionales.

Conformada por 17 mil familias, la comuna socialista El Maizal es la vanguardia de la organización popular en el proceso revolucionario. Su proyecto no se conforma con producir insumos, la idea es ir hacia una semi-industrialización que permita a los comuneros disfrutar plenamente de su esfuerzo colectivo, aprovechando todos los espacios del ciclo productivo en la configuración del autogobierno.

 

Con varias unidades de producción recuperadas y generando empleo y compromiso, el desafío es concretar el proyecto de ciudad comunal en el marco del distrito motor de desarrollo agroindustrial. El Maizal, por lo pronto, suena a futuro en tres tiempos.

LOS TRES TIEMPOS

1. Sabana Alta: 1600 kilos de pimentón semanales LEER MÁS →

Las casas de cultivo protegido de Sabana Alta son un conjunto de 12 invernaderos aledaños a El Maizal, que el presidente Maduro les transfirió luego de ser administradas de manera deficiente por el Fondo de Desarrollo Agrario Socialista (Fondas), de las que seis ya están produciendo y generando recursos para recuperar las otras seis, que necesitan una intervención de infraestructura como las lonas del techado, las líneas de tutores, etc. La reparación de cada invernadero cuesta, a precios de hoy, cerca de 50 ó 60 millones de bolívares.

Actualmente cosechan pimentón a razón de 100 cestas semanales, 1600 kilos aproximadamente, aunque tienen capacidad para producir hasta 5 toneladas semanales de hortalizas cuando se activen al 100%, lo que puede cubrir perfectamente la demanda de toda la región.

Por ahora, su producción se distribuye principalmente entre los integrantes de la comuna, y el excedente que queda se comercializa entre Barquisimeto y Quíbor.

El año pasado sacaron 70 toneladas en total. Este año aspiran alcanzar las 45 toneladas, por diversos contratiempos que han surgido en el pedregoso camino de la siembra, nos explica el célebre Mesías, uno de los comuneros más activos.  

El kilo de pimentón tiene un precio de salida desde El Maizal de 60 bolívares el kilo, sumando costo de producción, más el excedente de ganancia.

Ángel Prado, constituyente y vocero de la comuna, aclara que lo que se plantea, previo estudio de las necesidades de consumo de la gente, es producir de forma planificada rubros como tomate, cebollín, cilantro, tal como se está orientando en los demás predios.

“Nosotros estamos trabajando en función de 12 productos para que podamos decir que en El Maizal hay seguridad alimentaria y soberanía, desde la producción de la semilla hasta industrializar muy artesanalmente”.

Un pimentón tarda 45 días en germinar desde que se siembra la semilla en la casa de plántulas. “Eso sí, hay que regarla todos los días en la mañana, porque a las 11 el sol está caliente” explica Yoliberth Narváez, que viene desde la comunidad de El Cerrito. Está listo para la cosecha dos meses después.

“Eso se sabe porque está rojito” puntualiza, ella que sabe de esas cosas y es padre y madre a la vez, dedicada a levantar a sus dos chamos con el esfuerzo que le pone a la casa de cultivo. “Me encanta como trabajan aquí, no es como en otros trabajos que no te explican ni te apoyan. Aquí si no sabes, te van mostrando cómo es el procedimiento; si estás enferma, van a ver qué tienes y te ayudan”.

Aunque siempre ha sembrado, en Sabana Alta está aprendiendo técnicas más especializadas como “tutorear” una mata de pimentón, que es toda una obra de ingeniería. “Hay que seguir adelante, más si uno tiene muchachos, y como dijo nuestro Presidente, que si uno tiene un pedacito de terreno en su casa debe de sembrar su huerto, porque cada vez la cosa está más difícil”.

540 metros cuadrados mide cada invernadero, con capacidad de producir 1300 plantas.

Las casas de cultivo de Sabana Alta durante 7 años en manos institucionales, según los comuneros, no produjeron ni un tomate, ni un pimentón.

Una planta de pimentón, con tutor, puede crecer hasta 3 metros y medio, y producir una cantidad de frutos que va a depender de las características de la semilla, detalla Gregorio, ingeniero agrónomo que se encarga de instruir a la docena de trabajadores que se emplean actualmente en las casas de cultivo. “Los invernaderos son ideales porque permiten controlar todo, desde el riego, los frutos de la mata, cuánto crecen, qué plagas hay y qué necesito para combatirlas. Lo primero aquí es la prevención”.

2. Unidad de Producción Argimiro Gabaldón: pasó de 300 a 1400 cerdos LEER MÁS →

Porcinos del Alba (hoy Unidad de Producción Popular Argimiro Gabaldón), fue tomada a mediados del año pasado en apoyo a los trabajadores que reclamaban el pago de sus sueldos y salarios y las precarias condiciones de los animales.

Se ubica a la izquierda de una “ye” en el camino que va hacia El Torrellero, comunidad cercana a El Maizal.

Hoy hay 1400 animales entre hembras, verracos y lechones, pero todavía no da para el matadero, apenas está en recuperación.

Isabel González, comunera que actualmente coordina la unidad, nos aclara que cuando llegaron, luego de la toma, quedaban 300 cerdos de los 6 mil que llegó a poseer la instalación en su mejor momento. Eran unos cochinos flacos que morían por nada, mientras los trabajadores vegetaban entre las peores precariedades, teniendo que alimentar a los animales con los mangos que produce la frondosa vegetación de los alrededores.

La mortalidad, al día de hoy, se redujo en 98%, los animales son atendidos por veterinarios y se logró un convenio con la propia Porcinos del Alba para regularizar la alimentación.

Lograron sobrevivir al hampa oficial y oficiosa. Aún se caen a plomo, casi interdiario, con delincuentes que vienen en manada para robarse los cerdos, que muchas veces, según denuncian, se robaban la propia policía y la mismísima gerencia.

Los trabajadores que sobreviven de la administración anterior, nos cuentan que vivieron días muy oscuros y llegaron a pasar meses sin cobrar mientras veían que los gerentes se llevaban cargamentos de animales al matadero y desmantelaban las instalaciones. Por eso acudieron a la comuna y se decidió intervenir.

Se calcula que al menos 700 animales están ya con un peso de 70 kilos y se espera que alcancen los 85 para llevarlos a matadero, la primera buena “cosecha” después de la recuperación.

“Tenemos que hablar con mucha sinceridad: allí hicimos un convenio con la misma empresa pero bajo otras condiciones. La infraestructura es nuestra, pero el tema del alimento es muy difícil, por lo que nos vimos en la obligación de suscribir convenio para poder tener acceso al suministro de alimentos que es controlado por el Estado” explica Prado.

“Nosotros nos preguntamos ¿cómo el gobierno va a tener una empresa, en una etapa tan difícil del país, paralizada, quebrada y abandonada? Nosotros, que somos chavistas, decidimos asumir. ¿Qué vamos a esperar? Nosotros mismos somos, como pueblo” remata.

La idea es que la empresa llegue a los 10 mil animales, que es su capacidad operativa tope. “Creemos que va a convertirse en una gran empresa productora de carne de cerdo y será parte del distrito motor de desarrollo agroindustrial” explica.

La granja se distribuye en áreas de gestación, maternidad, iniciación y desarrollo. En la primera las madres son cubiertas por los verracos. Dos días antes de parir pasan a la segunda área, donde los lechones pasan tres semanas para luego ir a iniciación, momento del destete. 20 kilos después pasan al área de engorde, hasta su peso de matadero que es de 85 a 90 kilos. Destino fatal del cerdo, que tanto placer produce en el comensal.

Trabajan por turno, con partero nocturno, alrededor de 22 personas que provienen de las comunidades vecinas.

3. Unidad Experimental de la UCLA: 112 reses producen leche y queso LEER MÁS →

En El Torrellero, a escasos dos kilómetros de El Maizal, se encuentra la Estación Experimental de la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (UCLA), que hace cinco años aproximadamente fue prácticamente abandonada por las autoridades universitarias, a pesar de que allí se producía leche, cachama, se atendía ganado y se trabajaba en la experimentación genética y técnica, con financiamiento del Estado.

Vino una etapa de profunda decadencia hasta que las instalaciones fueron utilizadas para organizar las guarimbas el año pasado, cuando se decidió, junto a la comuna, hacer la toma y recuperar los espacios en octubre.

“Los estudiantes de la UCLA una vez vinieron a acá tratando de mentir, diciendo que querían recuperar los espacios, pero más de uno nos confesó que les estaban pagando para eso. Nosotros nunca les hemos cerrado las puertas, al contrario, los hemos invitado a tener acceso al área experimental, pero no a guarimbear sino a trabajar” nos dice Bernardino Freites, uno de los tomistas de la UCLA.

Hoy está operativa en un 40%: 112 reses pastan y sirven para todo el proceso de cría semi-intensiva de ganado de engorde y producción de leche y queso, muchos de esos animales provenientes de El Maizal a raíz del incendio de diciembre del año pasado que devastó el 100% de los potreros, además de árboles, alambres y cercas de madera.

Lo que encontraron, tras la ocupación, fue 23 vacas carora desnutridas, 9 becerros y 9 búfalos en estado semisalvaje que aún andan por allí amenazantes entre los matorrales de las 90 hectáreas con que cuenta ese espacio.

Tres semanas pasaron buscando el ganado por entre las montañas para devolverlo a sus predios.

Dos vigilantes alquilaban las rastras y las zorras a los finqueros, y nadie -cuenta Freites- le ofrecieron un vasito de leche a algún niño de la comunidad. Hoy se proyecta ofrecerle un vaso de leche escolar una o dos veces por semana a cada niño.

Incluso todavía se ven herramientas nuevas, aún en sus envoltorios originales; camiones que se han logrado recuperar con inversión mínima por detalles casi insignificantes; gran cantidad de soya sureña almacenada en depósitos que estaban sin refrigerar, hasta que se tomó el espacio y se habilitaron de nuevo las 4 cavas; salones con pupitres sin utilizar, etc.

“La soya era un negocio para ellos, este era un sitio de engorde, al punto de que nos propusieron sacar eso, nada más” revela Freites.  

Las potencialidades turísticas son brutales. Los morros de El Torrellero han servido para la filmación de películas y documentales, y para albergar a amantes de deportes extremos como la escalada, que convoca a visitantes nacionales y extranjeros.

Se estima activar en cuestión de días dos lagunas, de cachama y tilapia, para beneficiar a la comunidad e incluso a los pobladores de Sarare y Acarigua-Araure.

Hoy, el ganado lechero como el carora está generando entre 60 y 80 litros diarios, frente a los 10 que daba cuando se hizo la toma. El ganado que trasladaron desde El Maizal, fundamentalmente de la especie girolando, está produciendo hasta 200 litros.

“Nosotros tenemos un proyecto de liberación del territorio -advierte Ángel Prado-. No se trata de independizarnos; es lo que está en el Plan de la Patria y lo que explicó Chávez en el primer Aló Presidente Teórico: construir el autogobierno en un territorio, y si la alcaldía es una instancia que va a estar allí como barrera que no permite avanzar, de alguna u otra manera entrar, bien sea para gobernarla o para tomarla”.

La idea, finalmente, es construir la ciudad comunal, el Estado comunal, y por último, la confederación de comunas, porque eso fue lo que pidió Chávez, enfatiza Prado:  “La comuna sí tiene sentido y Chávez lo dijo: comuna o nada”.