El proyecto revolucionario que emprendió Venezuela desde el año 1999 sufre una de sus peores crisis. Los militantes del proceso bolivariano, estamos conscientes de que la baja en los precios del petróleo, junto a la sistemática guerra de cuarta generación, ha mellado la economía nacional hasta ponernos en el punto actual. Pero, ¿cuál es el punto actual?

Según Ecoanalítica el promedio mensual de inflación es de 35% y el año podría cerrar en 1400%, una cifra verdaderamente escandalosa. Mas esos datos no nos interesan, son de una firma escuálida; escualidísima. Me gustaría dar las cifras oficiales, pero son más difíciles de conseguir que el valsartán; un medicamento de uso común para las personas que sufren de la tensión.

Muchos de los que nos autodenominamos chavistas -con orgullo, puño en alto y sacando pecho- no nos caemos a coba; sí, es cierto que hay una guerra de cuarta generación que nos ha dado, usando el argot del pugilismo, jab tras jab; es verdad, pero no es lo único.

Por un lado tenemos que admitir que la falta de planificación ha sido una de las características principales en muchas de las instituciones de nuestro proceso.

Siempre me gustó decir, en joda, que si llegábamos a consolidar el socialismo en este terruño, sería el único que no contaría con la premisa de la planificación para establecer un Estado equitativo y justo para todos y todas.

Pero en este momento ya no tengo ánimos de estar en joda.

Esa falta de planificación tiene como consecuencia que Venezuela adolezca, por solo nombrar alguna cosita, de un parque industrial farmacéutico robusto que produzca y surta los medicamentos para enfrentar una gripe común como también las necesidades de un paciente con cáncer o HIV.

La realidad de los medicamentos es muy compleja, hablamos de un monopolio de unas pocas empresas a las que le pertenecen, a nivel mundial, como derecho casi divino, las patentes. Y cuándo llego a este punto empiezo a pensar teorías conspiranoicas, en órdenes secretas y hasta en extraterrestres, con cara de lagarto, que se alimentan energéticamente de nuestro sufrimiento. 

Para saber más sobre los tentáculos de las farmacéuticas dejamos este super-reportaje publicado por la web Arsenal Terapeútico.

Después me pongo seria porque, como ya dije, no hay ánimos para estar de joda. Ciertamente el desarrollo de una “tecnología” que combata una enfermedad crónica por supuesto que implica la inversión de varios millones además de años; pero también es cierto que esa cantidad de dinero la recuperan y ganan a proporciones groseras, después. Conversando con un pana supe que el Brasil de Lula producía los medicamentos para el sida y me puse a investigar.

En efecto, desde el 2013, la Bristol-Mayer Squiebb cedió, a una fundación estatal de Brasil, parte de la tecnología más la patente para producir Atazanavir. La fabricación de este antirretroviral se hizo como parte de un programa de producción pública de medicamentos que le ahorró millones de reales al estado brasileño por concepto de importación.

Planificar es proyectar hacia el futuro. Fue fácil no proyectar cuando los precios del barril estaban a más de 100 dólares porque, como diría aquel mítico personaje de telenovela, Eudomar Santos: “Como va viniendo, vamos viendo”. Quizás uno de los desafíos mayores que enfrentamos, el gobierno y los ciudadanos, es el de deslastrarnos de la improvisación y reeducarnos en la cultura de la planificación.

En el 2010 hubo una propuesta para modificar la Ley de Propiedad Intelectual desde el Ministerio de Comercio; esta buscaba incidir, particularmente, sobre el tiempo de uso para las patentes de medicamentos. El proyecto no llegó a ver luz. Pero no todo está perdido, hace pocos más de una semana Richard Castillo, en nombre de la Federación Nacional de Trabajadores de la Industria Químico Farmacéutica, planteó la necesidad de modificar la Ley de Patentes de Medicamentos para que los laboratorios nacionales pudiesen fabricar genéricos.

La propuesta que hizo Castillo, en el marco de la instalación de los Consejos Productivos de los Trabajadores, el presidente Maduro la devolvió a los trabajadores: “Una semana les doy (a los trabajadores) para la reforma de la Ley de Patentes para producir genérico (eso) es sin demora (…). Aceleremos la revolución socialista” y, algunos días, después Freddy Ceballos, presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana, aseguró que la producción de genéricos no significaría una solución a la “escasez e incremento (del costo) de las medicinas”.

No, no es la solución y tampoco lo es, como escuche en el metro, “rezar para que Dios nos libre de todo mal”. No, no es la solución, es un recurso de emergencia.

La solución debemos construirla con políticas serias que comprendan la salud como un sistema integral donde hay interrelación con la alimentación, las actividades físicas, las recreativas y lúdicas, el trabajo y, por supuesto, la pachamama. La salud es el “Buen Vivir” desde un concepto de equilibrio armónico y ese también es un desafío que tenemos que plantearnos.