En los últimos 20 años, la juventud venezolana fue protagonista de enormes logros sociales en materia educativa, política y social.

Para el 2017, la matrícula universitaria alcanzó un histórico de 2.650.000, que representa un 240% más que en 1998. (60%). La tasa de desocupación juvenil pasó de 18,9% en 1999 a 11, 2% en 2014 y la mayoría de las personas que estudian en la universidad son mujeres.

Sin embargo, hoy nos enfrentamos a  nuevos desafíos en materia educativa, en seguridad social, en salud sexual reproductiva, en el campo laboral y profesional y sobretodo  nuevos desafíos en los retos productivos del país. 

De acuerdo a un estudio del Departamento de Migraciones de la Universidad Simón Bolívar,  para el 2016 un estimado de 88% de jóvenes universitarios (UCV, UCAB, Simón Bolívar y Monteávila) quería marcharse del país.

Para este mismo año, 41 % de las muertes anuales violentas de Venezuela fueron personas jóvenes entre 21 – 35 años y un 11% a jóvenes con edades entre 15 y 20 años.

Venezuela es el país suramericano con la tasa más alta de embarazo adolescente.

Pensar en el futuro del país es pensar qué podemos ofrecer como sociedad a las distintas juventudes. Por esta razón, quisimos acercarnos a las principales deudas que la Revolución  tiene con este sector, a partir de la opinión de diversos actores juveniles, entre los que se cuentan algunos involucrados con el trabajo organizativo de base, al área productiva, entre otros.