Aunque cerca del 85% de los jóvenes venezolanos en edad productiva están ocupados, cada día crece la migración de este sector de la sociedad, ocasionando al país pérdidas millonarias y el debilitamiento de la capacidad productiva. Por otro lado, están los jóvenes que se quedan, bien sea porque consideran que tienen posibilidades o porque no tienen otra opción, es por eso que en Venezuela, hablar de desafío y de juventud es casi un sinónimo.

En esta primera entrega presentamos estas 2 historias que inician el recorrido por un campo de desafíos:

A los 19 años Eduardo deja su casa  y se muda a Barcelona -Venezuela- para estudiar medicina, comienza una nueva vida en medio de una crisis económica feroz.  

“¿Y ahora qué hago?” Fue su primer pensamiento al calcular que para estudiar debe pagar habitación, comida, transporte y los materiales de la carrera.

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Un día dijo que se iba y se fue. Así no más. Con la plata del seguro del carro que le robaron se compró un pasaje y se piró. Ella tiene 22 años y no quiere volver.

A María no le interesa mucho ir a la universidad en este momento: prefiere hacer “shitty jobs” por aquí y por allá y con eso se paga una habitación y se camina La Rambla.

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