María nació en Caracas. Un día dijo que se iba y se fue. Así no más. Con la plata del seguro del carro que le robaron se compró un pasaje y se piró. Ella tiene 22 años, pero habla y piensa –no necesariamente actúa- como con 5 años más de experiencia.

María creció rodeada de adultos que leían libros y no tenían tabúes al hablar, y antes de los 10 años ya andaba por ahí diciendo que ella tenía libre “albedrío”.

A María no le interesa mucho ir a la universidad en este momento: prefiere hacer “shitty jobs” por aquí y por allá y con eso se paga una habitación y se camina La Rambla con un six pack y una caja de cigarros cuando le provoca. Al menos eso es lo que se ve en su muro de Facebook.

María es feliz. Eso dice a veces. Lo dice cuando su única preocupación es que hoy le alcance la plata para comprarse una Nutella.

No lo dice cuando se siente sola. Cuando le da “el down” de los fuertes y está lejos de su familia.

María vuelve a decir que es feliz cuando se da cuenta de que sus problemas los puede resolver caminando: nada más con “abrir los ojos y respirar otro aire”, donde a la vuelta de la esquina hay miles de opciones, miles de caminos visibles.

*Ella se burla de que mi sueldo mensual equivale a lo que gastó esa mañana en su desayuno*

-María: a mí mi mamá me consentía demasiado mannnn, demasiado.

-Yo: ¿Y por qué te fuiste, entonces?

-María: Chama, no sé, no siento que pueda avanzar allá con lo que yo hago. Yo estudiaba Letras, sabes??? En ese país (Venezuela) no se puede vivir de escribir.

-Yo: ¿te regresarías?

-María: creo que no! porque no siento que en Caracas tenga ningún tipo de futuro. Además de que de verdad no quiero vivir así de nuevo, de verdad depender de la gente es una ladilla. En Caracas dependía de mi mamá, o de un carro o de dinero (mucho dinero) nada más para moverme.

-Yo: ¿Tenías un estilo de vida diferente al de otro muchachos?

-María: No, marik. Yo soy una caraja que vivía en el oeste y simplemente quería andar con mis amigos libre por la ciudad. Ir pa rumbitas, cine, conciertos, lo que cualquier chamo hace, pero para eso necesitabas tener mucho dinero.

-Yo: ¿Cuánto?

-María: Pal taxi, pa la curda, pa los cigarros, pa la entrada de la rumba, y pal taxi de nuevo.

-Yo: ¿y por qué no ibas a eventos gratis?

-María: Cuáles!??? Fui a muchos gratis, pero imagínate, una carajita de 22 años por el centro de Caracas de madrugada.

-María: aquí (Barcelona, España) camino y ya, sabes. No se trata de ser esnobista y querer estar en otro país por estar, pero aquí si no tengo dinero camino y ya a cualquier hora. Todo me impresiona, hay cosas nuevas, me dan ganas de echarle bolas simplemente por el hecho de que trabajo una semana y tengo para pagar mi habitación y porque veo muchas movidas de gente interesada en lo que yo hago y me gusta.  Aquí suceden muchas cosas a nivel cultural que se autosustentan y no dependen de un gobierno. Allá nunca vi eso. Todo me parecía efímero, sin consistencia. Aquí puedo hacer lo que quiera, no hacer algo obligada por la necesidad.

-María: Creo que regresar sería como retroceder y todo, regresar a la misma vaina: una carajita mantenida en el loop eterno de “mi mama me hace todo”.

-Yo: pero y si te buscas un trabajo aquí.

-María: Jajajaja para ganar 350 mil bolívares? Mira, los que pudieron hacer un colchón, gente como tú, de tu edad, que ya tienen un perfil creado, que te llaman para trabajar, puede que quizás estén resueltos, pero yo necesitaría ganar experiencia para tener un trabajo decente y esa experiencia previa no me daría para pagar mi estilo de vida y no se trata de cambiarlo porque no quiero cambiarlo. Cada quien debería vivir como quiera vivir.