Yo, citadina sin muchas opciones, asisto siempre a las ferias campesinas, las ventas solidarias, los gochos de los viernes, para intentar conseguir las verduras y hortalizas un poco más baratas (o menos caras). Pero, últimamente la tarea se ha hecho cada vez más cuesta arriba. En especial cuando de pimentón, zanahoria o cebolla se trata. El tomate sube y baja como el mejor de los maratonistas y yo he ido perdiendo poco a poco mis condiciones.
Voy, como toda una señora, anotando mentalmente (y en un par de papelitos) los precios de unos y otros rubros, en tales o cuales sitios, intentando no caer en esa trampa de “todo a 35.000” cuando quizás algunas de esas cosas, en otro espacio, valen menos; determinando si será semana de yuca o de auyama.
Pero, en medio de la lucha cotidiana, toca frenar y preguntarse: ¿Por qué? ¿Hay alguna explicación sensata ante semejante contienda? ¿Cómo entender la dinámica de producción y consumo alimentario de la tierra que me vio nacer?

Es difícil acceder a la información oficial, pero en función a lo que vemos en los espacios productivos a los cuales estamos vinculados pues hay una dinámica de bachaqueo y especulación en los precios de semillas de los rubros de mayor comercialización como hortalizas y cereales”, explica Ana Felicien, integrante de la campaña Venezuela Libre de Transgénicos y el Movimiento Semillas del Pueblo.

Pero ¿esas semillas son o no son nacionales? Pues sabemos que el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA) tiene un gran trabajo en rubros como los cereales destacando el caso del arroz, el maíz y algunas leguminosas como la caraota. Pero, en hortalizas, pastos y forrajes la cosa parece ser totalmente diferente.Dependemos de la importación de semillas de hortalizas (tomate, cebolla, zanahoria, ajo porro, brócoli, coliflor, etc.), muchas de las cuales no son cultivos tropicales y requieren de condiciones climáticas templadas para su floración y obtención, por ejemplo: la zanahoria y la cebolla. Estos cultivos fueron introducidos durante el llamado proceso de modernización agrícola (subsidiado por el ingreso petrolero), en la década de los años 50-60, al principio eran consumidos solo por los trabajadores de los campos petroleros”, relata Ana.
En el caso de los pastos y forrajes, la situación empeora, pues la dependencia de la semilla importada es casi total. ¿Y adivinen? En todos los casos, los principales países donde adquirimos semillas son: Estados Unidos, Holanda, Canadá.

“Pero, además, los denominados “criterios de calidad” establecidos por el mercado y la agroindustria favorecen ciertos rubros y variedades de semillas certificadas importadas”, agrega Ana.

Sin embargo, nosotros aprobamos una Ley de Semillas en diciembre del 2015, contra todo pronóstico y durante unas sesiones extraordinarias que buscaron paliar los impactos de la pronta llegada de la oposición al hemiciclo nacional.  En aquel entonces parecía que ni Monsanto, ni Syngenta, DuPont, o la misma Bayer, podrían contra nosotros ¿Qué pasó?

“En términos institucionales ya se conformó la comisión nacional de semillas, pero aún estamos trabajando en la conformación del consejo popular de resguardo. Por otro lado, se ha avanzado en la producción y multiplicación local de diversas variedades y venimos impulsando la conformación del plan popular de semilla a partir de una priorización que hicimos de cara a la actual crisis de los alimentos que está asociada a las cadenas de producción y comercialización de la agroindustria. Muchos de estos esfuerzos fueran ilegales de no haber logrado tener esa ley”, refuta Ana.

 

 

Entonces ¿por qué mi bolsillo siente que no se está haciendo nada? “Lo que es clave para fortalecer todas estas respuestas populares en tiempos de guerra es el acompañamiento técnico para apoyar los procesos de garantía participativa de calidad y sancionar las dinámicas de bachaqueo y especulación asociadas a la semilla certificada. La semilla si se adquiere vía bachaqueo es un rubro que eleva los costos de producción. Pero, además, hoy en día, la mayoría de los precios de los alimentos no responden a ninguna estructura de costos ni siquiera inflada”, responde la militante.

 

En efecto, la legislación es maravillosa, y la crisis (porque todo lo malo tiene algo bueno) ha generado una especie de “explosión” de prácticas de  multiplicación de semillas y tejidos para reproducción (esquejes) con una enorme diversidad de manejos por parte de esos agricultores que se han visto en la necesidad de innovar. Pero, absolutamente todo lo que hagamos, requiere al menos dos abrazos: supervisión y acompañamiento, y como reza el dicho: “Ajo, cebolla y limón, para alejarte de la infección”.

¿En qué consiste la Ley de Semillas de Venezuela?